LA LUCHA DE NOSOTRAS LAS MUJERES NO ES CONTRA LOS HOMBRES; ES CONTRA LOS PREJUICIOS QUE NOS ESTIGMATIZAN.
- Mayra Sugey Machuca Salazar

- 25 mar 2024
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 26 mar 2024

Las mujeres de la prehistoria se quedaban en sus moradas a cuidar de sus hijos, preparar alimento, cuidar de los enfermos y esperar al hombre, quien se encargaba de traer los animales que cazaban para su consumo.
Según la interpretacion de los historiadores, esto se daba toda vez que, los hombres comenzaron a verse afectados al no poder tener descendencia y perder a sus mujeres, pues mientras ellas estaban embarazadas y salían a cazar animales, perdían sus
embarazos por el esfuerzo que realizaban, concatenado a lo anterior, existía el riesgo de contraer infecciones y muchas de ellas morían, limitando con ello la procreación. En aquellos tiempos, era crucial reproducirse pues a mayor número de hijos sería mayor el número de hombres conquistando territorios y como es bien sabido, entre más personas luchemos por algo, es más probable que ganemos la batalla.
Es así como las actividades de los hombres se limitaban a salir, recorrer grandes distancias, estar en la intemperie sin importar el clima, enfrentarse a peligrosos desafíos y cazar grandes animales, para luego, llevarlos cargando a sus moradas. Por otro lado, las mujeres, debido a que eran las que se quedaban a esperar al hombre fueron desarrollando habilidades domésticas como lo son: la preparación y conservación de alimentos, educación de los hijos, cuidado de los enfermos, fabricación de utensilios de cocina, asimismo, la recolección de frutas y verduras, dando paso a descubrir en el trayecto plantas medicinales.
Como ven, lo anterior solo fue una manera en la que, tanto hombres como mujeres de esa época, encontraron la solución a algo que les estaba afectando y para nada se trataba de limitar a las mujeres por pensar que eran débiles y restarles valor.
Sin embargo, conforme fueron avanzando los años, las situaciones fueron cambiando, la lucha por el poder fue creciendo, generando con ello que todo se centrara únicamente en el hombre, pues se habían autocalogado como la fuente de fuerza y poder. Aquí ya encontramos que la mujer fue desvalorizada, pues no se le permitía que opinara o se involucrara en muchas actividades, incluyendo la política, obligándolas a tener que quedarse en casa realizando actividades domésticas, pero ya no por un cuidado mutuo como lo acabo de mencionar, sino a manera de imposición.
Me parece inaceptable que no se le dé el valor que le corresponde a la mujer por el hecho ser personas, medir cuánto vale una persona por el género que biológicamente le corresponde, me parece ilógico e incluso irracional, pues hoy el criterio de que la mujer es débil por naturaleza ya está superado científicamente, dejando ver que incluso en las épocas prehispánicas muchas de ellas salían a enfrentarse a feroces animales y volver a casa victoriosas.
Hoy, a pesar de que han transcurrido miles de años, se siguen realizando estas prácticas alimentando la falacia de que las mujeres somos débiles. Desde la constitución de 1917 se estableció la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sin embargo, en la práctica aún persisten desigualdades.
Aun así, hemos recorrido un avance significativo en nuestra lucha por la igualdad de género, un claro ejemplo es que, en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortinez, en el año de 1953 se promulgó la reforma constitucional para que las mujeres mexicanas tuvieran el derecho a votar y ser votadas a nivel nacional.
Sor Juana Inés de la Cruz, Leona Vicario, Frida Kahlo, Ifigenia Martínez, son solo algunas de las muchas mujeres mexicanas que han contribuido al desarrollo social, político, cultural y académico del país, y gracias al significativo trabajo que realizaron, nos continúan inspirando para no claudicar en nuestra lucha.
Los roles de género no son innatos, son construcciones sociales y culturales que pueden ser cambiadas a lo largo del tiempo.
Comprender el impacto que estos tienen en la sociedad, nos ha visibilizado la llamada “deuda histórica” y si, es esa deuda que se tiene con las mujeres, por haber sido discriminadas y oprimidas en el ámbito social, político, laboral, educativo, entre otros por el hecho de ser mujer.
Y si, hay que decirlo, todo esto es el resultado de miles de años de patriarcado, aunado al sistema de poder que ha privilegiado a los hombres en todos esos ámbitos, gracias a que la construcción social así marcaba las pautas, no solamente en México sino en todo el mundo.
Para poder derrocar ese sistema patriarcal, las mujeres necesitamos seguir empoderándonos positivamente, no seguir callando cuando somos violentadas o discriminadas. Estoy segura de que, promover que la sociedad se eduque sobre esta problemática, garantizara que este sistema se debilite, debemos seguir exigiendo al gobierno para que se implementen más leyes que promuevan la igualdad de género y que protejan nuestros derechos.
Esta lucha va marcando desafíos, pero también logros, ya que la resistencia que la sociedad muestra es debido a que se ha construido a que sea el género masculino el que ocupe los puestos de poder, limitando a las mujeres y perpetuando la desigualdad.
Es así como concluyo que los roles no tienen género, cada uno podemos desarrollar más las habilidades en algunos ámbitos que otro, pero esto no significa de ninguna manera que es debido a su género.
La importancia de que participemos en las tareas domésticas es crucial para ambos, esto generará un ambiente tanto de respeto, como de crecimiento familiar y social.
El hecho de que las mujeres y los hombres tengan cargos de poder nos harán crecer como sociedad. Las personas tenemos la capacidad y la libertad de elegir cómo deseamos contribu ir al hogar y a la sociedad pero que sea eso, libertad y no imposición.
Hoy en día, nos enfrentamos a la alarmante situación en que son incluso las mujeres las que ejercen violencia hacia otra mujer por innumerables razones, entre ellas es que nos han arraigado sobremanera, los prejuicios hacia nosotras que terminamos por
hacerlos parte de nuestro destino, sin embargo, lejos de triunfar nos estamos pisoteando unas a otras y de seguir así la lucha que estamos enfrentando y el camino recorrido, será en vano. Es crucial que sigamos fomentando la sororidad entre nosotras mismas, creando relaciones positivas.
Así que, tanto hombres como mujeres, tenemos mucho trabajo por hacer, vamos a seguir educándonos en el tema, desafiemos el sexismo, firmemos y ratifiquemos este compromiso, recordemos que es fundamental para crear un entorno más justo e inclusivo para todas las personas.
Estoy completamente convencida que, si lo logramos, le dejaremos un mejor México y un gran legado a nuestras hijas e hijos.
Hombres, no se pierde masculinidad realizando tareas domésticas, al contrario, se fortalece.
Mujeres, no olvidemos que nuestra lucha no es contra los hombres, es contra los prejuicios que nos estigmatizan.





Bendiciones