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Humanizar al “animal”

En el estado de Chihuahua, el maltrato animal es considerado “delito”, pues así lo describe y sanciona el artículo 364 del Código Penal del Estado de Chihuahua, al referir: “Se impondrá multa de hasta doscientas Unidades de Medida y Actualización a quien omita dolosamente prestar cuidados a un animal de compañía, que sea de su propiedad y que esta omisión ponga en peligro la salud del animal”.


Según el censo de población y vivienda de 2020, Ciudad Juárez, se encuentra habitado por 1,512,450 personas, asimismo, existen un total de 449,452 hogares censales; imagine Usted, cuántos habitantes de nuestra localidad cuentan con un perro como mascota (animales de compañía), y cuántos de ellos, realmente proporcionan los cuidados que el ‘animal’ requiere, es decir, mantienen su lugar de estancia limpio, le dan el alimento que debe ingerir, lo llevan con el veterinario, etcétera.


Sin embargo, Juárez se caracteriza por la gran cantidad de perros y gatos en situación de calle que existen, algunos de ellos por el abandono que sus dueños realizan, lo que se traduce en el delito a que hacemos referencia en el párrafo primero de éste artículo; en muchas ocasiones, los perritos son regalados a personas que no tienen la capacidad de cuidarse a sí mismos, ¿cómo entonces cuidarán de un animal de compañía?, en el entendido de que dicho animal, como ser viviente, requiere de cuidados específicos.

En otras ocasiones, el abandono se lleva a cabo por los bajos ingresos con los que cuenta el propietario, quien en su momento considero tener la posibilidad de cuidar un perro, empero, con el paso del tiempo, éste se volvió molesto por el alto costo del alimento, o porque no decirlo, por su comportamiento, y esto lo lleva a dejar en la calle a su mascota, a sabiendas de que, su actuar es negligente y constituye, como ya hemos referido, un delito.


A pesar de los múltiples esfuerzos por parte de las autoridades, así como de diferentes organizaciones de la sociedad civil que buscan rescatar a los perros de la calle y darlos en adopción, la problemática va en aumento, pues por otro lado se presentan los problemas de la sobrepoblación animal que se generan por la reproducción, y que, según se desprende de la Guía de Animales de Compañía para Dueños Responsables, cada perrita, en seis años, puede llegar a tener una descendencia de 67 mil perros, los cuales, se quedan en la calle. 


El problema es mayúsculo ya que se hace referencia a que, en Ciudad Juárez, según el INEGI (2019), existen entre 60 y 200 mil perros callejeros, siendo esta urbe considerada como la ciudad con mayor número de perros callejeros en México, lo que trae aparejada una serie de consecuencias graves y que obligan a los gobiernos a generar campañas de control animal, implementando mecanismos y programas tendientes a la reducción del nivel de sobrepoblación, para evitar que se pueda llegar a generar una transmisión de enfermedades zoonóticas, contaminación ambiental, así como posibles agresiones (en otras palabras, a controlar una posible plaga). 


Considero indispensable que, dentro de los proyectos que se llegasen a generar, se atienda a la cuestión del bienestar animal con una objetividad que permita entender la naturaleza del problema y que, además, se apliquen las disposiciones legales correspondientes, pues mucho tenemos que ver nosotros como personas y la falta de atención que damos a nuestras mascotas, o bien, la serie de abusos que se realizan sobre los animales, como aquellos que preparan a sus perritos para presentarlos en peleas, o bien, en aquellos que tienen criaderos para la posterior venta de los mismos.


Hay una frase que se le atribuye a Leonardo Da Vinci y que reza “el tiempo vendrá en el que los hombres miren a los asesinos de los animales, como hoy miran a los asesinos de los hombres” y ciertamente hoy por hoy, hay una gran cantidad de organizaciones que buscan proteger y defender a los animales, incluso les otorgan derechos, como si fuesen seres humanos, por otro lado hay quienes crían a un perro como si fuera su hijo, y quienes llenan de lujos a sus mascotas, dando, en muchas ocasiones, prioridad a algo que el animal no necesita, pues no es su naturaleza, por encima de lo que la propia familia llega a requerir.

En ese aspecto cometen el error de tratar a los animales como si estos fuesen seres humanos, alejándolos de su naturaleza, intentando crear en ellos conductas que difícilmente podrán adoptar y que de igual manera pueden traducirse en maltrato, pues evitas que el animal se comporte como tal.


Según Castillo, existen estudios que señalan que, la humanización de los animales se debe a diferentes trastornos psicológicos que tienen quienes realizan estas conductas, ejemplo, el no poder tener hijos (y en lugar de optar por la adopción, buscan un animal al que tratan como tal), a esta actividad se le llama antropomorfismo y consiste en otorgar características o rasgos humanos a objetos, animales, plantas o cualquier entidad que no es humana, dicha versión es sustentada también por Valadez Azúa de la UNAM, y considera que esta corriente se acrecentó a raíz del consumismo y el individualismo.


Dicha actividad tiene como objeto principal dar paz y tranquilidad a aquellos que no gozan de la misma, por lo que, la persona que requiere esas cualidades busca describir en los animales, las características humanas de las cuales carece, intentando que la entidad humanizada sea similar al propietario de este.


Actualmente, el humanismo animal, llega al grado de que, el perro, gato o especie de que se trate, pasa a formar parte importante de la vida de quien lo adopta y en ocasiones, se vuelve el centro del quehacer cotidiano del propietario, en otras palabras, se desvive por darle al animal las atenciones que hubiese querido para sí mismo.


Habrá quienes estén en completo desacuerdo con lo expuesto en el presente artículo y en su defensa, argumenten que el ser humano también es un animal, pues como bien refiere Valadez Azúa, el problema no esta en que el animal reciba atenciones, el problema radica en que, al mismo, no se le permita desarrollarse dadas sus condiciones naturales.


El objeto del presente artículo, no se encamina a la crítica de aquellos que humanizan a sus mascotas, pero si, a dejar un pequeño grano de arena que les permita comprender que necesitan apoyo ‘humano’, que los aleje de esa práctica que tanto daño realiza tanto al animal que no puede desarrollarse como tal y a la persona que se olvida que ha sido creada para vivir con sus iguales.


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DIRECTOR GENERAL FRANCISCO HIDALGO

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