Ayer me dijeron viejo…
- Oscar David Hidalgo

- 2 sept 2024
- 3 Min. de lectura
“Ayer me dijeron viejo, por un momento me estremecí, después me miré al espejo y al fin noté lo que envejecí…” es el inició de una canción de Martín Urieta, misma que se hizo famosa gracias al Charro de Huentitán, el señor Vicente Fernández.
Traigo a colación esta hermosa melodía, en virtud de que, ciertamente, el día de ayer un chamaco de entre 17 a 20 años de edad, en la carrera internacional de la amistad, se acercó a una persona de la tercera edad que se dolía de una rodilla y le dijo “y usted porque sigue corriendo si ya está viejo, debería reposar”, a lo que, el señor no respondió, empero, este muchacho no contaba con que yo, intervendría primero para llamarle la atención por lo absurdo de su comentario y como traía puesto mi uniforme del Pentathlón el joven mostro un poco de nervio.
Dialogué con él tranquilamente, buscando explicarle que, en ocasiones nuestra lengua suele ser una de las armas más mortales que existen y que, así como podemos levantar la moral de alguien, también se le puede causar una gran depresión.
El joven me escuchaba con atención y su cara empezó a cambiar, se tornó un tanto larga, pero aun así me dijo “y entonces donde queda nuestra libertad de expresión” y le contesté “consideras que, el tener una libertad, te da derecho a dañar la dignidad de las personas” y de nuevo se puso a pensar, seguí con mi exposición y le pregunté ¿cuántos kilómetros corriste? Respondiendo que solo 4, le cuestioné cuál era la razón por la cual no había hecho los 10 y contestó que no los aguanta.
Entonces arremetí, le referí “al señor que acabas de insultar -porque lo que hiciste fue un insulto-, corrió 10 y llegó entre los primeros 100, imagina la condición que tiene, es envidiable tener esa edad y su resistencia”, en ese momento le gritaron “perro ya vámonos” y me dijo “me habla mi papá”.
Ahí comprendí la razón por la cual dicha persona actúa sin respeto alguno, pues en su casa, es eso lo que ha aprendido, no puedes como padre decirle “perro” a alguno de tus hijos, la diferencia entre un can y un ser humano es enorme, lo he referido en otros artículos, los valores se maman en casa -no recuerdo dónde escuche esa frase-, pero es verdad, lo que nuestros niños, niñas y adolescentes, están aprendiendo actualmente, dista mucho de la enseñanza cívica que cada uno debe tener, el hecho de dar a conocer a un menor sus derechos, tiene como objetivo que éste pueda defenderse de las adversidades que se presente, por ejemplo, de los insultos que reciba, empero, no es para que intenten utilizarlos en contra de sus padres, conocidos, o bien, como en este caso ocurrió, en contra de una persona de la tercera edad.
Los derechos humanos, son un invento del ser humano para preservar las libertades y atender a la sana convivencia, son utilizados como mecanismo de control cuando su uso interrumpe derechos de otros, es por eso que, el derecho al libre desarrollo de la personalidad en personas menores de edad, no lo podemos interpretar literalmente como “la potestad para autodeterminarse”, pues esa potestad podrá irse atendiendo en relación con la educación que el menor vaya adquiriendo, y no me refiero solo a la educación básica que se imparte en la escuela, también lo hago en el sentido de la educación moral y en valores que solo la familia nuclear puede impartir.
Si en ese sentido logramos interpretar la progresividad de los derechos humanos, podremos comprender que primero debe adquirirse y desarrollarse plenamente el derecho a la educación, así, una vez que cognitivamente nuestro ser logra desarrollarse, esta progresividad permitirá entender en que consiste la autodeterminación, porque es hasta ese momento que se podrá discernir entre lo bueno y lo malo, concluyo entonces, es el derecho a la educación al que debemos inyectarle mayor energía, tanto en la escuela, como en el hogar, es la educación la que lo llevará a un crecimiento personal que le hará entender que a las personas en general, sean mayores de edad, o menores, se les respeta, pero insisto, ese respeto, se aprende en el hogar, deja de insultar a tus hijos, deja de permitirles hacer lo que les plazca, busca enseñar lo que es la disciplina y la obediencia, desde una perspectiva familiar, impartiendo tareas que cada persona pueda realizar atendiendo al rol que desempeña en el núcleo familiar.
“El respeto comienza por uno mismo… Cuanto mayor es nuestro nivel de autoestima, mejor tratamos a los demás”





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