Elección judicial.
- Oscar David Hidalgo

- 26 nov 2024
- 3 Min. de lectura
Además de escribir, me he dedicado durante ya algunos años, a la abogacía y durante algún tiempo soñé con formar una carrera judicial pues la oportunidad llegó a tocar la puerta, no obstante, al haberme acercado con algunos amigos jueces para abundar en el mundo del poder judicial de México, fui conociendo diferentes condiciones que tenían algunos funcionarios y que me hizo alejarme, y aprovechando el poder que da la pluma me ocupe de realizar fuertes críticas a aquellos que habían sido designados “jueces” por compadrazgos, amiguismos y situaciones de carácter político, motivo suficiente para decidirme a seguir un camino diferente.
Lo anterior lo traigo a colación debido a la futura elección que habrá de realizarse para seleccionar “democráticamente” a quienes serán funcionarios judiciales, tema que se ha mantenido en debate sobre todo en las academias y en instancias encargadas de impartir justicia, debate que, para aquellos que son conocedores de las diversas actividades que realiza el poder judicial y con quienes coincido, a dichos cargos no puede acceder cualquier persona.
Para llevar a cabo la próxima elección, se lanzó una campaña un tanto ortodoxa en diferentes medios de comunicación y, al menos en el spot de radio, se escuchaba que uno de los requisitos era ser “joven” y “con excelente promedio”, haciendo de lado, por completo, la experiencia en la impartición de justicia y utilizando términos que se alejan de la no discriminación, lo curioso es que, si así pinta el registro, cómo llegará a ser la campaña.
Algunos amigos abogados con los cuales llegué a disertar dicha temática me preguntaban ¿Por qué no te registras? Y mi respuesta siempre fue la misma, no puedo participar en algo con lo que no estoy de acuerdo, considero que debe existir congruencia entre aquello que se predica y lo que se hace y desde mi punto de vista, la meritocracia es un factor preponderante para formar una verdadera carrera judicial (misma que con esta reforma, desaparece), y en el caso que nos ocupa, pasaremos a ver completamente politizado al único poder que no lo estaba.
Los mexicanos no aprendemos y como prueba tenemos lo que pasa dentro del poder legislativo, donde ocupan curules personajes del mundo del espectáculo o deportistas que son o fueron buenos en su área, pero que como, diputados han dejado mucho que desear, al igual que sus asesores, que no tienen idea de lo que conlleva ser legislador; en ese entendido, imagínese usted a la hora en la que se llegue a votar por las personas que se hayan inscrito para tal evento y que, según lo refería el presidente del senado, fueron más de 10 mil personas registradas.
De la misma manera, se pone en tela de juicio la capacidad de los votantes para entender la diferencia entre un juez y un magistrado, así como para discernir entre la capacidad de aquellos que pretenden acceder a cualquiera de los cargos judiciales que ahora serán de elección popular. En otro orden de ideas, se hace por completo a un lado el estudio político de Max Weber, ese que apoya la formación del servicio de carrera, por la elección de un mundo de desconocidos que tendrán que invertir recurso para darse a conocer y que permitirá una campaña desigual por la capacidad económica que cada uno de ellos tenga para enfrentar esta condición política.
Decía Voltaire “podré no estar de acuerdo contigo, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, y en ese sentido, me gustaría invitar a aquellos que son fervientes seguidores de la cuarta transformación a que razonen cada una de las determinaciones que se han tomado y que, a consideración de un servidor, algunas de ellas como la que tratamos a través del presente artículo, frenan el avance de México.




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