El lujo de saber usar el puesto de la Dirección.
- Diana Chavarri

- 6 may 2024
- 4 Min. de lectura
“El liderazgo no se trata de estar a cargo, sino de cuidar a aquellos de quienes estás a cargo”.
- Simon Sinek
Es un lujo, lo es porque no todos sabemos usar el talento de la Dirección en una organización. Debo decir que he ocupado ese puesto durante poco más de 10 años en varias organizaciones. Le reporté también a ese puesto en los inicios de mi vida profesional, pero también lo he contratado, acompañado, supervisado e incluso, suspendido, desde mi rol en órganos de gobierno (Consejos Directivos).
En mi opinión, la gestión del puesto de la Dirección es un arte. Puedes equivocarte y desperdiciar ese preciado recurso hasta quemarlo. O bien, generarle un ambiente tan propicio que hace florecer a la organización. Sin duda, le apuesto por el segundo escenario.
En el artículo que escribí la semana pasada para Volición, titulado “Antes y después de un cargo de liderazgo” le invitaba a reflexionar sobre las transformaciones que ocurren en una persona cuando decide ocupar un puesto de liderazgo en alguna organización, empresa o institución de gobierno. También abordé la gran influencia que tiene la persona líder sobre la cultura organizacional y sobre sus propios colegas y cómo, bajo mi punto de vista, la capacidad de impulsar y lograr transformaciones positivas en una líder tiene una relación directa con su calidad espiritual y sus principios.
Quiero centrarme ahora en las direcciones de organizaciones de la sociedad civil (OSC). Las OSC, son personas morales registradas ante notario público e instancias de gobierno (SAT, gobiernos estatales y federal, etc.), se dedican a atender, prevenir y paliar problemas públicos y a promover el desarrollo, la democracia y los derechos humanos. Su aporte social es inmensurable y su acción volitiva es de altísimo valor.
Las organizaciones de la sociedad civil necesitan personal tan profesional como lo requieren las empresas o las dependencias de los gobiernos. Necesitan una buena Dirección.
Las dimensiones que componen la responsabilidad de la Dirección son realmente inmensas y están en función de la misión, tamaño y diseño de la organización, del grado de especialización y experiencia de su staff, de la corresponsabilidad de su consejo y por supuesto de sus propias capacidades. Le comparto mi experiencia.
La Dirección participa en el codiseño estratégico y tiene un rol preponderante como ‘traductora’ de la estrategia hacia el staff. Es responsable de atender, informar, escuchar y cumplir las encomiendas del órgano de gobierno. Prepara juntas de consejo y asambleas anuales. Rediseña estatutos, renueva políticas. La Dirección, además, codiseña programas, los supervisa, promueve su evaluación y rendición de cuentas. Es vocera, productora de contenido, redactora de boletines de prensa, convenios, convocatorias e informes a donantes. Organiza eventos, cultiva donantes, medios de comunicación, busca y mantiene alianzas.
Debe ser una persona capaz de dirigir, sin micro administrar, de inspirar con cercanía, de organizar, coordinar y supervisar depositando confianza, creyendo en y estimulando las capacidades y talentos de su equipo.
El puesto también tiene la responsabilidad de la salud financiera de la organización. En este punto debo ser realista y franca: en mi experiencia, la Dirección es el principal movilizador de recursos. Esto significa, entre otras cosas, que, salvo contadas excepciones, es la Dirección quien consigue fondos para su propio sueldo y para el de su staff (entiéndase con esto, por lo tanto, la situación de precariedad laboral en muchas OSC), además, de los fondos necesarios para la operación de los programas, consejeros y consejeras comprometidas con la movilización de recursos o que realicen aportaciones económicas directas para el gasto corriente, son realmente escasas. A ellos y ellas les tengo un aprecio especial y les animo que lo sigan haciendo.
La Dirección debe mantenerse actualizada, leyendo, asistiendo a eventos de difusión de conocimiento, escuchando y capitalizando los conocimientos de su staff, consejeros y aliados. Diseña e implementa iniciativas de desarrollo interno, promueve la evaluación y renovación de la estrategia. Sostiene los ejercicios de rendición de cuentas y transparencia, asegura el cumplimiento de obligaciones legales y fiscales, previene y atiende conflictos laborales, hace contención, planea y comunica ajustes salariales, desarrolla, contrata y desvincula personal, autoriza pagos, neutraliza caprichos. ¡Ah! Y no debe olvidar ser amable y manejar no solo su estrés, sino el de su prójimo.
Como ve, querido lector, lectora, la Dirección en una OSC no es una tarea sencilla. Con frecuencia suelo bromear diciendo “¿quieres desearle mal a alguien? ofrécele una Dirección”.
Pero, bromas a un lado, podríamos preguntarnos ¿quién y cómo se gestiona el talento de la Dirección? Idealmente, y en el marco de un buen diseño organizacional y de una organización madura, el Consejo Directivo es quien gestiona la Dirección, comúnmente en la figura de la Presidencia. Debe facultarla y respetar su autonomía y libertad, dentro de sus atribuciones, de forma que sea una persona autogestiva que dé cuentas al Consejo y construya con él una sana relación de colaboración y sinergia, dentro del marco de la estrategia institucional.
Como ve, la gestión, acompañamiento y supervisión de una Dirección, requiere ser ejercida con plena responsabilidad y ética. Es muy fácil equivocarse y desperdiciar, desde los Consejos Directivos, ese preciado recurso hasta, frecuentemente, llegar a quemarlo. Antes bien, habra que generarle un ambiente tan propicio que haga florecer personal y profesionalmente a quien ocupa el cargo con respeto, cuidados, aprecio, estimulo y desarrollo. Estoy segura de que se hará florecer también, a la organización.
Finalmente, deseo expresar mi respeto, admiración y sororidad hacia las directoras mujeres, quienes no sólo se esfuerzan por cumplir las múltiples e importantes responsabilidades de su puesto, con una visión de desarrollo de las personas, sino, también, navegan una doble jornada al interior de sus hogares haciendo un (casi siempre desgastante) esfuerzo de “conciliación” de prioridades.
“No permitas en tu vida personas que te disminuyan. Confía en tus instintos: las buenas relaciones se sienten ligeras. Se sienten bien. No lastiman. No causan sufrimiento.”
- Michelle Obama





Comentarios