Cariño, no me necesites.
- Diana Chavarri

- 3 jun 2024
- 3 Min. de lectura
En esta colaboración para Volición, me he permitido explorar otro género de escritura, con un contenido que ha sido inspirado en la vida de muchos hombres y mujeres que tienen anhelos de plenitud compartida, pero que, ante las limitaciones propias como la codependencia y el apego a lo establecido, se ven privados de imaginar y compartir una vida más edificante como pareja. Espero, querido lector, lectora, que este texto, que ofrezco como una propuesta muy distinta a las anteriores, sea de su agrado.
Cariño, no me necesites,
Antes bien, necesita de ti.
No busques encontrar en mí la luz que nutra tu vida,
pues esa luz ya existe en tu alma.
Siempre ha estado ahí.
¿La ves?
Permite, amor mío, que claudique a ser tu reina.
Pues seamos francos: ni quiero que seas mi rey,
ni quieres que sea tu reina.
Ni hay palacio, ni servidumbre,
ni un pueblo a quien servir,
ni creemos en las monarquías,
ni deseo que tengas el poder sobre todas las cosas,
ni deseas que sea yo la mano que mece la cuna.
Despojémonos, por tanto,
de las contradicciones y conveniencias, cariño.
Ni patriarca, ni matriarca.
Deconstruyamos esas fantasías y doctrinas
que nos fueron tan sutilmente inoculadas
y hagamos un nuevo contrato.
Renunciemos a los roles preasignados
y al romanticismo absurdo que vela realidades.
Diseñemos, en su lugar, un sistema funcional
en el que la luz de ambos no sea sofocada
por los mitos, las desilusiones y cansancios.
No dependas de mí,
que yo no he de depender de ti.
No me necesites,
que yo ya no te necesito
ni para conseguir el pan,
ni la felicidad.
Antes bien, cariño mío, te invito a mi vida,
no te invito en calidad de cabeza de familia,
ni de proveedor.
Ni yo me ofrezco en calidad de sirvienta,
ni de asistente, ni de enfermera,
ni cuidadora, ni salvadora.
Pues cariño, espero que esas habilidades
las tengas a bien ya dominadas.
Invítame a tu vida, pero no me necesites.
Seamos dos seres completos
que no buscan llenar ni vacíos, ni miedos, ni carencias.
Pero que se reconocen capaces de dar y recibir amor,
Pues cada uno, en lo individual,
ya encuentra y ejerce el amor consigo mismo.
Por tanto, cariño, deseo honrar y admirar tu esencia amorosa.
Y descuida si no me ves completa.
Soy una obra en proceso
y aunque me reconozco imperfecta,
estoy conectada con la búsqueda de la autenticidad.
Mi carga no estará depositada en tu espalda,
así que descuida cariño.
Descuida, que no te necesito para que me completes,
ni para que me repares,
ni para que me soluciones,
ni para que me sanes
y mucho menos para que me hagas feliz.
Que mira que ya estoy en eso
y es una obra que Dios y yo estamos emprendiendo juntos.
Te invito a acompañarme en esa aventura llamada vida, cariño.
Construyamos una compañía presente, edificante, consciente
y también curiosa, pero respetuosa de nuestra libertad y autonomía.
No exijamos explicaciones, ni rendición de cuentas a la vieja usanza.
Cultivemos la reciprocidad y hagamos un pacto de lealtad
que tú yo construyamos a modo
y que sirva para nosotros,
pues al mundo y a sus mandatos ya les sirven otros.
Permitamos que las almas se conecten,
sacudidas de viejos vicios e ilusiones,
dándonos permiso
de imaginar posibilidades de un amor en pareja
de hermosa trascendencia y riqueza
donde ni tú, ni yo, cariño, nos necesitemos,
sino, más bien, nos acompañemos.





Comentarios